Aquello fue el principio, o simplemente el final de algo, según se mire. Recuerdo que no tenía miedo, sólo mucho frio. En vano trataba de calentarme las manos con mi propio vaho. No había nada que hacer, tenía la sangre escarchada dentro de las venas. La mañana era prima hermana de la misma noche. No recuerdo haber visto jamás una mañana tan sombría. Una manada de nubes negras me rodeaban, atentas al desafío de mi puñetera vida.
Mi propia respiración cuaja de niebla la visera del casco.
Es la hora, no hace falta mirar el reloj. Me enfundo los guantes, le retuerzo la oreja a mi Benelli TNT 899 S y el tubo de escape ruge como si en ello le fuese la vida. A lo mejor se ha dado cuenta de que a quien le va la vida en esto es a mí.
La carretera.
La moto.
Mi vida.






bien
