Cap. 4
Al salir de la habitación de su vecino, Sakura cruzó el corredor hasta alcanzar su diminuto cuarto lo más rápido que le permitieron sus piernas, no le importó tropezar un par de veces por el camino, consecuencia del nerviosismo que aún desprendía su cuerpo. Quería dejar bien atrás aquella extraña sensación de escalofríos que le provocaba aquel desconcertante desconocido.
Y una vez en sus dominios, buscó entre las páginas del listín telefónico que acababa de pedir prestado a Itachi, el número de algún restaurante chino que sirviera a domicilio, así, al menos, Gaara y Tenten podrían cenar algo en condiciones, y no las solemnes latas de lentejas o albóndigas que ocupaban su lugar en la despensa junto con otras conservas igual de austeras.
Al poco tiempo de hacer el pedido sonó el timbre de su puerta, un sonido corto pero estridente que indicaba la llegada de sus amigos. Al girar el pomo, se encontró con una morena de ojos caoba cargada con una multivariedad de frutas, y con un pelirrojo de mirada impaciente sosteniendo un fajo de carpetas azules. Sakura los hizo pasar y éstos se sentaron donde pudieron, pues, alguna de las cajas de la mudanza tomaban posiciones entre los pies de los presentes, como jugando a desafiar su paciencia.
Tenten echando un vistazo rápido a su alrededor: este sitio es más pequeño de lo que me había imaginado, si lo llego a saber no hubiera armado tanto alboroto cuando denegaron mi solicitud.
Sakura: ¿de qué estás hablando?
Gaara: es lo que intentamos decirte durante esta última semana, Tenten, Neji y yo pedimos plaza en esta misma residencia….-es interrumpido
Tenten: pero quedaban tan pocas que éstas se dieron a los estudiantes con mejores notas, así que sólo pudo entrar Neji.
Sakura: y entonces, ¿dónde estaréis vosotros?
Gaara: en la residencia Sinaide, la que está justo una calle más abajo….pero tranquila –sonrisa maliciosa- que será como si estuviéramos aquí.
Sakura: ¿y eso por qué?
Tenten: tenemos un espía infiltrado, Neji nos informará de todos tus movimientos –dijo bromeando (¿o no?).
Sakura: al menos tendré un amigo cerca con el que hablar, porque no veáis como está el panorama….
Gaara alzando la mirada: ya sabes que si alguien te molesta sólo tienes que darnos un toque y nos desharemos de él.
Tenten con la misma mirada cómplice: haremos que parezca un accidente
Inner Sakura: estos dos siempre igual, hablan tan convencidos que hay veces que me cuesta diferenciar cuando van en serio y cuando no….-suspiro mental-…lo peor de esta situación, es que en el Sinaide no tendrán quién les ponga freno y mayormente, acabarán saliéndose siempre con la suya….me lo veo venir.
Sakura: no os preocupéis por eso –miró a la morena- aún tengo el espray de autodefensa que me regalaste –ahora dirigió su mirada hacia el fajo de carpetas azules que estaban amontonadas en el suelo, junto al bordillo del sofá, lugar en el que recordó tendría que pasar la noche…probablemente una incómoda noche, y este pensamiento le arrancó otro suspiro- ¿y eso qué es? –señaló loa carpetas-
Gaara: cierto –le pasó alguno de los ficheros- son los retoques y las nuevas composiciones que hizo Neji para el grupo, tendrás que aprenderte la letra para este Sábado.
Sakura: ¿por qué para el sábado?
Tenten: tocaremos en el “Imperium”
Sakura: ¿cómo has conseguido que nos dejasen tocar allí?
Tenten: con un poco de persuasión y encanto.-sonrió coquetamente-
Inner sakura: no quiero ni imaginar lo que habrán hecho este par…
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En la habitación contigua, lado izquierdo, un pelinegro de indomable melena y mirada tan heladora y profunda como seductora, acababa de terminar su baño. Aquel que por poco, unos momentos antes, había sido casi interrumpido obligándose a asomarse a la puerta medio desnudo. Aunque sinceramente, en aquella ocasión, dicha intromisión no le importó lo más mínimo.
Hacía tiempo que no conocía a una mujer tan…”peculiar”, recordó haberse apoyado contra el marco de la puerta, en una pose, según decían y atestiguaban las mujeres con las que había estado, era endemoniadamente sexy. Normalmente con esa pose, según creía, irresistible para las féminas, junto con algunas palabras roncas susurradas, conseguía que la mujer en cuestión cayese rendida a sus brazos (literalmente). Sin embargo, cuando se puso firme y se le acercó, con la idea de que su cuerpo alto y fornido intimidara a la pelirosa para que ésta fuese más vulnerable y se dejase llevar por la corriente que circulaba en el ambiente, un aire cargado de tensión sexual; la táctica falló, ella no mostró señales de titubeo, no vaciló en lo más mínimo, fue al grano y eso, en cierto modo, también le gustó.
Es cierto que algunas mujeres se le escapaban, pero eso era porque éstas eran demasiado tímidas o puritanas para dejarse arrastrar por el “escandaloso” deseo carnal que él les ofrecía. Sakura no era como ellas, pero tampoco le pareció la mujer escandaloso o posesiva a las que estaba acostumbrado, simplemente era diferente. Aún no sabía muy bien en qué, pero no le importaría averiguarlo.
De hecho, si cundo estuvo en su cuarto, no se hubiese marchado tan rápido, probablemente habría dejado de comérsela con la mirada para pasar a echos más…tangibles.
Sakura poseía una voz increíblemente atractiva para alguien de su edad, una voz tan suave y profunda, tan dulce, ronca y madura, que las palabras que dijese fueran cuales fueran, resultaban fascinantes. O eso al menos es lo que le había parecido.
Además, tenía unas piernas ágiles, por lo que pudo observar al ver con cúal suma rapidez desapareció por el pasillo hacia su vivienda, unas piernas tan bien torneadas, proporcionadas, largas y bonitas, como para hechizar los sueños de Itachi durante varias noches, y tan deseables como para hacer de sus noches una tortura.
De pronto, la boca se le secó, y una descarga de imágenes lascivas comenzó a bombardearlo.
“¿tendría también el mismo dulce aroma, liviano y de cerezos, que ella dejó al pasar ante él, dominando todos sus sentido?”
Fuera cual fuera la respuesta, quería averiguarla ¿querría ella que lo averiguara? Sólo había una forma de saberlo, esa noche, durante la ronda nocturna en la que le enseñase el lugar…..pero de no ser así, la dejaría de lado y punto. No era de esos que corrían desesperado detrás de una falda por un poco de cariño. Si se negaba, ya encontraría “consuelo” en otra…ese nunca fue su problema, no cuando las mujeres se le lanzaban prácticamente al cuello y le rogaban que pasase la noche con ellas. Normalmente nunca tuvo que esforzarse demasiado para conseguir a una fémina, puesto que habitualmente eran ellas las que se arrojaban en su busca. Pero si la ojiverde, que ahora despertaba sus fantasías estaba interesada,….sería un “buen” vecino. Dependiendo de cual fuera la respuesta, Ella gozaría de una horrible o agradable convivencia vecinal….
Continuará………….