Prólogo (a opinión de AnimeManiaca xD)
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Spoiler:
- Nada mal, un 8... aunque siendo tu, esperaba por lo menos un 9 -dijo, y puso su cigarrillo en el cenicero, exhaló el humo y se llevó la mano a los lentes para ajustarlos a la altura de sus ojos.
El no dijo nada, se quedó ahí de píe... callado. - Como sea, supongo que no me puedo quejar mucho de ti... así que puedes irte ya. Su expresión lucía pensativa, como siempre. El silencio reinaba en la habitación, apenas ilúminada por la lámpara de escritorio de su padre. - ¿No me has oído? - dijo mirándolo de nuevo, al notar que este no se movía - vete Damian (léase "Demian") El joven se retiró del despacho, caminaba con paso lento y daba un aura terriblemente sombría para un muchacho de 14. Subió las escaleras con el mismo paso calmado, en su mente, comparaba la onda de sonido de sus pisadas con las de el tic tac del enorme reloj de la sala. En el pasillo, se topó con su "otro yo" su hermano Daniel, quien a pesar de ser gemelos era 5 minutos menor que el, eran iguales físicamente: cabello cenizo y ojos cobre, piel blanca y complexión delgada. , pero su manera de pensar era distinta. El mayor, Damian, manejaba todo de acuerdo a la lógica, jamás se permitía un margen de error, por mínimo que fuera. Un prodigio, alguien que calculaba a la perfección todos sus movimientos antes de actuar. Daniel caminaba por el pasillo, con la vista en un punto fijo… el era más… ¿impredecible? Tenía el mismo aire de inteligencia que su hermano, pero eran muy distintos. Se paró justo a la distancia en que podía verlo a los ojos, Daniel parecía tener intención ignorarlo, entonces la voz aterciopelada se alzó por el pasillo. - No estará de humor para recibirte –dijo suavemente, su hermano era quizás la única persona a quien respetaba en este mundo. -No le preguntaré si está de humor. –dijo el chico, era alguien frío al igual que el, sin embargo, tenía una determinación que lo hacía “invencible”. El menor de los dos gemelos siguió su camino sin siquiera parpadear, Damian se quedó ahí observándole. -Hmp… –esbozó Damian, Siguió caminando por el lújubre pasillo, toda la casa era demasiado sombría como para ser el hogar de un par de gemelos de 14 años, no había fotos, ni juguetes, ni siquiera un cuadro o un recuerdo familiar. La razón… era que el hombre al que llamaban “padre” en realidad no lo era. [ - 2 - ]` El orfanato estatal no se podía dar el lujo de mantener a las mujeres que llegaban en trabajo de parto por mucho tiempo. Ann Reed tenía tan solo 25 años y había llegado una noche lluviosa de noviembre a punto de tener a su hijo. Las madres religiosas que atendían el orfanato se apresuraron a atender a la joven, que 2 horas más tarde dio a luz un par de gemelos, quienes por últimos deseos de su madre debían de llamarse Damian y Daniel. A los pocos días de la muerte de la madre, los “afortunados” gemelos fueron adoptados por un millonario que recién se mudaba a ciudad, el y su esposa no podían tener hijos, la joven mujer se enamoró al instante de los pequeños y los llevó consigo a pesar de la inconformidad de su esposo. Eso era todo lo que ambos niños sabían de su existencia. A los 8 años, la señora Parker, madre adoptiva de los gemelos, murió de cáncer… una terrible pena para ambos niños. El señor Parker nunca los había tratado como parte de su familia, y con la muerte de su esposa los niños perdieron la poca comunicación que tenían con el. Tras la muerte de su madre, las diferencias de personalidades se hicieron mas notorias. Daniel era amable, y tenía un sentido de la compasión, el cual no compartía con su hermano, para quien todo sentimentalismo era repugnante, carecía de consideración por el otro, era frío, arrogante. Para el menor de ellos, su hermano era la única persona que tenía, por lo que el era “el jefe de ambos” simplemente asentía, ya que sabía que cualquier clase de consejo no sería tomado en cuenta. Poco a poco… la personalidad de Damian se ensombrecía, hasta que llegó a un punto en el que ya era cosa de dominación total. [ - 3 - ] -Es mi última palabra – dijo el hombre con voz sombría, a la luz de la lámpara se dejaban ver unas cuantas canas, producto de los años. Sus ojos se abrieron de golpe, la biblioteca se había vuelto ahora un lugar para desahogar sus frustraciones. No lo iba a permitir, 17 años de guardar rencor a un solo hombre… y ahora… se vengaría. Fue hasta el escritorio y tomó el abrecartas, una daga plateada de buen tamaño que estaba recién afilada. Nada se lo impediría esta vez, un instinto asesino emergió de sus más profundos miedos y temores. Avanzó con paso decidido hasta el despacho de “su padre” Antes de que el viejo que lo había mantenido lo encerrara para siempre, el lo mataría. Abrió las puertas de golpe, avanzó hasta ponerse en frente de aquel hombre ya mayor. -¿Qué pretendes, Damian? - Preguntó el hombre, dejando de lado una de esas cartas, esas malditas cartas que casi causaban la desgracia mas grande en la vida de Damian, y de su hermano. -Se acabó Parker, no permitiré que me lleves a ningún sitio – dijo el muchacho y sacó daga de su cintura. -Hmp… niño, deja eso… estás demente – ordenó el hombre y se puso de pie, dando a entender a Damian que no tenía tanta seguridad como intentaba hacer creer por su tono de voz. - Esta vez serás tu el que termine herido – vociferó y lo apuntó con la daga. -Cálmate Demian, baja eso -repitió el hombre, ahora más desesperado, mientras rodeaba el escritorio para ponerse frente al chico. Extendía torpemente las manos al frente, tratando impedir algún posible ataque por parte de Demian. El chico lucía tranquilo, con la mano derecha intentó clavar la daga al hombre en frente suyo, pero su movimiento careció de velocidad. El Sr. Parker detenía la muñeca de Damian con ambas manos, evitando que la punta del arma lo tocara. -Es por tu bien, lo he tolerado hasta ahora… pero ya es inevitable. –dijo el hombre, usando todas las fuerzas para mantener alejada la daga – Tengo que hacerlo. El disparo sonó en todo el despacho. Los ojos abiertos del señor Parker miraban temblorosos las cobrizas pupilas de quien hasta ahora había sido su hijo. La sangre comenzó a emanar de su estómago, no pudo decir otra palabra, simplemente cayó al suelo… muerto. Damian aún mantenía la daga en el aire, mientras que con su mano izquierda sostenía una pistola a la altura de la cintura, el humo emanaba de la boquilla del arma. -Ese siempre fue tu error viejo estúpido – susurró Damian, como si el hombre aún pudiera oírlo. – toda tu vida me subestimaste. No hizo nada más que tomar los papeles de la caja fuerte, la combinación era juego de niños para él, tomó el fajo de papeles que se encontraba en un viejo sobre amarillo y salió del despacho, sin siquiera dedicar una mirada al cadáver. Salió de la casa, estaba lloviendo y era de noche. Sonrió, afuera, recargado en un coche negro, estaba su hermano. -No debiste hacerlo, Damian – pronunció su hermano, pero más que un regaño era un lamento. -Era necesario, el iba a arruinar todos nuestros planes… pero ya no nos estorbará – respondió. -Ahora solo espero que no nos atrapen –dijo Daniel, con tono de advertencia. -No lo harán, tengo todo lo que nos inculpa aquí mismo – dijo, moviendo una solapa de su gabardina para mostrar el sobre. Amos partieron, a la espera de lo que la vida les estuviera preparando… En cuanto al asesinato de Parker, era todo un misterio. |
Resumen:
Damian y Daniel Reed, huyen de su pasado y de todo lo que los ha atado al lado de su sombrío “padre”, sin embargo… la manera en la que lo hacen no es muy usual.
Un asesinato marca el expediente de los fugitivos gemelos, la policía persigue a Damian Reed, único responsable de la muerte de Ralph Parker, su padre adoptivo.
Por azares del destino, se topán con Rose O´Conell, ambos gemelos se enamoran de la chica y este será el punto de partida para la enemistad entre ellos
Gemelos enamorados de una misma chica, Dos mentes asombrosas, ella enamorada de ambos, un asesinato, un pasado, papeles que los inculpan y una sola oportunidad para remediar lo que es tan extraño como los mismos hermanos Reed.
Double Mind ~ [ postmortem ]
Romance y misterio
Agradezco a los que se han tomado la molestia de leerlo,
Los leeré por ahí, espero.
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