En el comienzo de clases no sucedió nada digno de mencionar.
Pasó todo muy rápido y normal. Esta vez, y por primera vez desde que estudiaba con Anna, quedé en todas las clases con ella. Perfecto, sin inconvenientes. También ahora compartía más clases con Marcos. Extraño, aún no dejaba de prestarle tanta atención a él, ahora hasta me daba la impresión de que era él el que se quedaba mirándome por largo rato. Ya me estaba volviendo bastante paranoica.
Regularmente cuando Armando faltaba a clases, Marcos se acercaba y me hablaba. Anna ya me estaba molestando con eso de que sería mi novio.
En absoluto, ni siquiera yo lo había pensado de esa manera.
¿O lo había hecho inconcientemente?
Mi vida como vampira se hacía gradualmente más llevadera. Estaba aprendiendo a soportar la sed que es bastante diferente a mi prueba con los días.
Cantidad de días que podía aguantar actualmente sin descontrolarme: siete.
Duración en que podía soportar la sed: tres horas, sin que nadie se acercara a un radio de un metro y medio. Ya había cometido un error hace unos meses. Una chiquilla se me acerco para buscar una pelota que había caído a mis pies, y sin poder aguantar casi la mato; también estuve a punto de ser descubierta por sus padres, de no ser porque estaba en un parque lleno de árboles por todos lados...
Fui a visitar a la pequeña varias veces al hospital donde la estaban tratando. No fue como una visita formal; a menos claro, que vigilarla por la ventana un rato cuente. Era frustrante no poder hacer nada por ella ahora, cuando todo era mi culpa. Sí, la culpa ataca sin tregua.
Por suerte, la chica se puso mejor. Luego me di cuenta de cuál había sido el motivo de no poder contenerme con ella; era su olor, olía demasiado bien, al principio no lo había notado, ya que le donaron sangre y tenía muchos olores encima, pero cuando su sangre retomó ese olor característico lo noté al instante.
Desde entonces estuve haciendo experimentos con eso de los olores. Parece que mientras más joven es la persona mejor huele; al menos para mí, para los vampiros. También influyen otras cosas, estuve hablando de eso con mi hermano, y él lo estuvo comentando con algunos de sus amigos —sus redes sociales vampíricas, ahora la mayoría de sus amigos eran vampiros ya que a él no le hacía ninguna ilusión retener su sed, no podía tener muchos amigos humanos, apenas tenía unos cuantos que siempre quiso mucho. Mi hermano trata a los humanos como si fueran... animales, sí, eso creo. Es como si él nunca hubiese sido humano—. Algunos de los amigos vampiros de mi hermano que les encantaba el alcohol en su vida humana, también les gustaba la sangre de personas que bebían alcohol. Y lo mismo pasaba con los vampiros que habían probado las drogas en su vida humana —y aún ignoraba como era que mi hermano se conseguía esa clase de amigos, algunos intimidaban, a pesar de ser yo una vampira, y saber que ellos no se meterían conmigo por miedo a mi hermano, aún así, me asustaban; al menos mi hermano lo entendía, y no les permitía a todos entrar a su casa cuando yo estaba presente—. Entones, la preferencia en la sangre humana, ese olor tan delicioso, provenía de los gustos humanos, o al menos esa era mi teoría.
Las clases de educación física eran una molestia aún, a pesar de que ahora podía ser mejor que cualquier chico de la clase. Y eso mismo era el problema, todos me conocían por ser muy torpe en esa clase, y ahora tenía que simular que lo seguía siendo, y eso era más difícil que tratar de ser buena. Y además era molesto; molesto por el hecho de que las personas se burlaban de mí —cosa que siempre hicieron pero, que por alguna extraña razón, ahora me molestaba más—; no era que bajara mi autoestima, como lo hacía antes, ya que yo sabía que podía hacer más de lo que ellos veían; sino que era un golpe para mi ego.
Uno de esos días en que nos hicieron muchas pruebas —en las que intenté no quedar tan atrás, poniéndome entre el lugar tercero y quinto— pasó algo que me molestó, más que cualquier otra cosa que hayan dicho en esa clase. Estábamos ya en la última prueba, la prueba del circuito de obstáculos: subir, bajar, saltar...
Mis compañeras estaban muy cansadas, y yo me había mantenido siempre al ritmo de Anna para no llamar la atención; pero para denotar lo que se suponía: que era la peor de la clase; le estaba diciendo a Anna que me sentía súper cansada —cuando el caso era totalmente el contrarío, ya que no me esforzaba nada en esa clase; excepto claro, para parecer torpe— y me estaba preparando para no hacer la prueba del circuito. Pero entre las críticas de mis compañeros, la insistencia de la profesora, y el ataque de mi ego, me decidí por hacer la tonta prueba, claro, pareciendo mucho más torpe de lo normal.
Y así lo estaba haciendo cuando, entre los susurros, escuche como una voz decía:
—Mírala, parece como una rana— la voz de Marcos.
Que fuera su voz era lo que más me molestaba, ya que él parecía interesado en mí. ¿O no era así? ¿Por qué no me presté atención cuando me dije que debía dejar de pensar tanto en él? ¿Estaba obsesionada? ¿Paranoica, acaso? Estaba segura de que era su voz, con mi sentido del oído no podía equivocarme en eso.
Estuve a punto, muy, muy cerca, de olvidar toda mí farsa y terminar el recorrido a mi máxima velocidad; pero por suerte mi mente era más fuerte que mi ego, y terminé el recorrido con una velocidad normal, y con una calificación mediocre.
Ese día fue el que me decidí, realmente debía dejar de prestarle tanta atención. Y así lo hice, lo ignoré.
Pero él tuvo la reacción contraría, ahora se acercaba más a mí. Por cualquier cosa, pedir el sacapuntas prestado, preguntar por lo que tendríamos la siguiente clase, o cualquier cosa que se le ocurriera. Y mis normas de cortesía no me permitían ser grosera con él. Evitaba mirarlo, claro. Y le respondía con un tono de voz neutral —por no decir: seca, inexpresiva—. Al tiempo también que si mi mirada se encontraba alguna vez con la de él, intentaba que la mía fuera lo más hostil posible.
Uno de esos días que estaba fácilmente irritable me fui un rato a casa de mi hermano, y me descargué un poco con él, él sonreía ante mi forma de relato de mi mal día, pero se sobresaltó cuando mencioné el apellido de Marcos y me detuve en seco de lo que estaba diciendo.
—¿Pasa algo? —me atreví a preguntarle al paso de unos segundos.
—No es... n... —no completó la frase y saltó a la siguiente— ¿Por qué te molesta tanto ese chico? ¿Qué es lo que hace? ¿Parece sospechoso?
¿Sospechoso? ¿Qué le pasaba a mi hermano? ¿Se estaba preocupando por un simple chico que me molestaba? Eso era muy raro.
—¿Sospechoso? —Repetí, esta vez en voz alta— ¿Qué tiene ese chico?
Y debía tener algo para que sobresaltara tanto a mi hermano.
—¿Recuerdas...? —Se detuvo y tragó saliva sonoramente— ¿Recuerdas al... al vampiro que te convirtió?
—Sí.
Claro. Lo recordaba claramente, él iba mucho a nuestro apartamento, en el que mi hermano aparentaba vivir antes de que yo me convirtiera. Ese chico estaba obsesionado conmigo, o al menos eso dijo mi hermano; mi hermano lo consideraba uno de sus amigos mas cercanos y así lo era, le tenía mucha confianza, tanta como para dejarlo entrar regularmente al apartamento donde yo me la pasaba la mayor parte del día debido a mi escasa vida social.
Pero, cuando mi hermano empezó a notar su obsesión por mí, comenzó a restringirle la entrada al apartamento. Empezó a impedir que me visitara.
Ese chico parecía nervioso cuando estaba cerca de mí, por alguna razón que yo no comprendía, sin embargo, parecía simpático, me caía bien. Un día, sin el permiso de mi hermano, él fue al apartamento con un propósito: el de convertirme; mi hermano supone que él pensó que si yo era vampiro también podría pasar más tiempo cerca de él. Pero yo sé que ese no era el caso. Él no fue a convertirme directamente, él me atacó para matarme, yo misma sentí como mi sangre se iba de mis venas, y sentí como me desvanecía, pero en el último instante el cambió de idea, cuando estaba a punto de desvanecerme pude notar en sus ojos como se debatía internamente; y se decidió por convertirme. Claro, eso nunca se lo dije a mi hermano, a penas había dejado con vida a ese chico cuando se enteró de todo y yo no quería que las cosas se pusieran peor, no era de las personas que guardarán rencor, ni nada. Al menos mi vida era un poco más interesante ahora.
¿Pero, a qué quería llegar mi hermano con eso? El chico que me atacó era mucho mayor que Marcos, no podía ser él ¿O sí? Jamás había visto los ojos de Marcos rojos, ni dorados. Siempre verdes. ¿O no había notado algo en los días en que lo ignoré? Imposible. ¿Había algo que mi hermano no me hubiera dicho de los vampiros? ¿Podían cambiar de forma? Si era así, debía intentarlo yo alguna vez.
—Ese chico... —continuó mi hermano— tiene que ser... si es como yo creo, ese chico es su hermano menor.
Imposible.
—¿Cómo? ¿Por qué nunca me dijiste que tenía un hermano?
—Nunca lo preguntaste.
—¿Él también es...? —¿un vampiro?, completé mentalmente.
No podía serlo, nada encajaba.
—No, no... Él no lo es, pero... —se detuvo por un instante— según lo que me ha dicho John, él cree que su hermano tiene una idea de lo que él es. Él le ha estado ocultando todo a su hermano, como yo lo hice contigo, pero él sí vive bajo el mismo techo con su hermano, y parece que el chico sospecha algo de lo que somos.
—¿De lo que somos? —repetí en tono casi dramático.
—Sí, bueno, técnicamente. El chico... ¿Cómo dijiste que se llamaba?
—Marcos.
—Bueno, Marcos sospecha de su hermano, y siempre me vio a mí con él. Y para empeorarlo todo... John cree que Marcos lo oyó cuando hablaba con otro vampiro de ti.
—¿De mí? —comente casi inconscientemente, como acto reflejo.
—Sí, de tu transformación... —se quedó por casi un minuto callado y luego explotó, sabía que no faltaba mucho para eso— ¡Ese gran idiota! ¡Nunca tiene cuidado con lo que hace o dice!
Me quedé dubitativa, intentando encajar todo lo que tenía en la cabeza de Marcos con la nueva información.
—Eso quizás explica su interés por mí—lo interrumpí de sus gritos.
—Interés...—repitió mi hermano— Debes evitarlo—me aconsejó.
—Eso no funciona, ya lo he intentado.
—Entonces... quizás cambiarte de colegio...
—Ni lo pienses... —lo interrumpí de nuevo.
Demasiado antisocial. Me sería imposible hacer una nueva amiga, Anna era la única y había tenido dificultades para que fuera mi amiga aún siendo humana.
—¿Entonces prefieres que lo mate? —inquirió cínicamente.
—Siempre exageras todo hermano. No creo que se de cuenta. ¿Puedo yo encargarme de esto?
—N... —empezó a decir.
—Por favor... —dije con mi tono más sutil.
—No. —completó.
—Eres un exagerado, en serio, déjalo todo como está. ¿Qué te parece si tú te encargas de John y yo de Marcos? —le propuse.
Se quedó pensándolo por un momento.
—¡Ah, por favor! Es una buena idea. —lo interrumpí otra vez
—Quizás—dijo.
—Quizás—repetí.
Eso era un sí. Él nunca decía que sí directamente.
Mi hermano era duro y el que mandaba, siempre.
Siempre, excepto conmigo. Genial.
Mi manera de encargarme de las cosas sería una muy sutil. Lo evitaría, pero no tanto como ignorarlo, sólo lo suficiente para que no notara lo que era, y también para que no sospechara. Estaría pendiente de lo que decía y hacía. Si las cosas no se me daban como quería, podría seguirlo y enterarme de que tanto sabía él.
También sería una buena idea ponerme lentes de contacto, pero eso lo decidiría luego.
Por una semana estuve con mi oído muy pendiente de cada palabra que decía Marcos; y no decía mucho. Pero en ningún momento mencionó vampiros y mucho menos cosas oscuras. Al contrarío, fue Armando quien mencionó algo. Después de salir de Biología tuvimos una hora libre por la falta de una profesora, y yo me senté a unos cuantos metros de Armando y Marcos, con Anna a mi lado sin prestarle mucha atención a lo que decía ella.
—Creo que en dos horas estará listo— fue lo último que escuché decirle a Anna, refiriéndose a alguna tarea.
Y luego me concentré más en Marcos.
—Oye esto— le decía Armando mientras ponía música muy fuerte en su teléfono, parecía Heavy Metal.
La música sonó por casi un minuto antes de que se hiciera algún comentario.
—Es buena—dijo Marcos.
—¡Sí que lo es! —exclamó casi excitado Armando, tocando una batería en el aire.
Yo estaba prestando atención pero con la mirada hacia otro lado, apenas veía por mi vista periférica los movimientos de estos dos chicos.
—Dicen que esta banda tiene pactos con el diablo y demás— continúo Armando. —¿tú crees que esas cosas existan?
—¿El diablo? ¿Demonios? —Hizo una pausa, extremadamente larga para mí, mientras pensaba su respuesta—. Quizás sean sólo estupideces, o quizás no. ¿Haz intentado tú contactar con el diablo?
—No. —Respondió Armando un poco perplejo por la respuesta de su compañero y luego simplemente siguió con la batería en el aire sin prestarle atención a nada más.
Y allí se estancó ese tema.
Había demasiadas cosas que desconocía de Marcos. Si pudiera saber lo que pensaba.
Ese día lo seguí a su casa, y lo espié un rato por la ventana de su habitación. Pasó de las tareas y se fue directamente a su biblioteca; tenía grandes cantidades de libros referentes a Vampiros, Hombre lobos, Zombies y otros. Pude notar algunos que yo había leído, como el famoso Drácula de Bram Stoker, también tenía la colección de Anne Rice y otros tantos de los que jamás había escuchado. Esto me confirmaba mucho, entonces sí le llamaban la atención ese tipo de cosas.
Estaba a punto de irme cuando oí como John, su hermano, llegaba; él se apresuró a seguirlo y luego fingió irse a dormir a su cuarto, pero Marcos espió por un rato a su hermano antes de que este se diera cuenta. Ahora entiendo a que se refería mi hermano cada vez que lo llamaba despistado, ni siquiera me había notado a mí, si no hasta que se dio cuenta de que su hermano lo espiaba y agudizó sus sentidos.
Ahora mi hermano se enteraría de que estuve de infiltrada, me pregunto qué le parecerá eso.
De todos modos, no vi a mi hermano sino unos días después. Para entonces ya tenía la escusa de que era una estrategia, y además ya había confirmado que Marcos sospechaba de su hermano. Mi hermano le advirtió a John que si no se ponía más atento terminaría matándolo.
No me atreví a volver a la casa de Marcos sino hasta después de unos días, mientras tanto, sólo espiaba sus conversaciones en el colegio.
El día que volví a asomarme por la ventana de Marcos noté que estaba haciendo un acto reflejo de la vez pasada en que fui. Se saltaba las tareas y pasaba a los libros, eso explicaba sus notas regularmente bajas. Esta vez me quedé por un rato más que la anterior, y vi como después de los libros iba a la computadora, y buscaba cosas sobre vampiros, eso era bastante para confirmar mis teorías, él sabía algo.
Debió notar algo en mí el día que volví a la escuela. Mis ojos, mis ojos rojos. El color de mis ojos no empezaba a cambiar sino hasta los siete días, a pesar de que la sed llegaba mucho antes. Para entonces, en todo el tiempo desde que me convertí, mis ojos habían cambiado al negro sólo unas cinco veces, todas en vacaciones, sin oportunidades para que nadie más que mi hermano lo notara.
Me quedé dubitativa por un buen rato mientras observaba, apenas conciente, sus movimientos. Estaba un poco ensimismada, tanto que me sobresalté un poco cuando se levanto de la computadora y se dirigió a un armario. Luego pasaron dos cosas demasiado rápido como para que pudiera reaccionar correctamente. En primer plano vi un brillo, y tarde medio segundo para comprender que eran mis ojos brillando en el reflejo de un espejo y al segundo siguiente Marcos ya estaba totalmente volteado en mi dirección. Me miró por un instante, el mismo que tarde para gritarme mentalmente ¡Muy lenta! y salir del lugar.
Por supuesto, y como siempre, corrí a casa de mi hermano, mientras pensaba cómo iba a decirle eso y que tanto había notado Marcos. ¿Marcos había detallado que era yo en la oscuridad? ¿Colgada de su ventana? Yo veía todo muy claramente, no sabía a que punto me pudo divisar él. ¿Qué debía hacer ahora?
Por el momento me dediqué a poner mi mente en blanco y pensar las palabras con que le diría esto a mi hermano.
El ambiente en la casa de mi hermano era muy diferente al que ocupaba en mi interior. Toda la casa estaba tranquila, en paz. Y unos segundos después de sentarme en la sala noté la razón. La novia de mi hermano estaba en casa.
Ahora me arrepentía de no haber tocado antes.
Ella me dedicó una sonrisa extraña, que no pude definir, cuando me vio. Y luego, detrás de ella salió mi hermano y le besó la mejilla para luego posar su mirada en mí. Él ya sabía que algo andaba mal.
Me sentí cohibida.
Me dio la impresión de la que la novia de mi hermano lo sabía todo. Y no sabía porque tenía esa idea. Mi hermano jamás ha sido partidario de contarle este tipo de cosas a los humanos, incluso me lo ocultó a mí. Ahora sentía celos por algo que ni siquiera estaba confirmado.
Suspiré y recordé que estaba aquí por un motivo en específico, lo cual hizo que esa extraña sensación de celos desapareciera y fuese sustituida por algo muy parecido al pánico.
—Ya me iba, lo siento— dijo ella rompiendo el silencio.
—Nada de eso, perdón por interrumpirlos—repuse rápidamente. ¿De donde habían salido esas palabras?
Creo que sólo había dirigido esa disculpa a mi hermano, el cual me dedicó una mueca.
En todo caso, él acompañó a su novia a la puerta y se despidió de ella. Eso lo hacía porque sabía que algo malo estaba pasando. ¿A caso lo hubiese hecho si nada malo pasara?
Ahí estaban los celos de nuevo.
Suspiré para relajarme un poco y giré la mirada hacía mi hermano. La tomaba por la cintura antes de dejarla ir. Era muy extraño ver a mi hermano tratar con tanta sutileza a un humano, a excepción de mí y unos cuantos amigos suyos, jamás trataba tan bien a un humano. ¿Estaba planeando algo cruel para ella? ¿Traicionaría su confianza o algo por el estilo? Luego recordé una conversación que habíamos tenido hace un tiempo:
—En serio, tienes que buscarte una novia, te ves muy mal—me burlaba yo.
—No es gracioso.
—Lo es, lo sabes—dije entre risas.
—Sabes que no me gustan esas chicas vampiros... sin ofender—dijo después de una pausa, mirándome— son... demasiado... ...eufóricas. No son de mi tipo.
—Sí, claro, lo que digas.
Esa era una de las cosas que me agradaba de mi hermano. Al menos sabía que si tenía una novia alguna vez, me caería bien. Aunque realmente dudaba que tuviera una novia alguna vez. Él decía que yo era la única vampira civilizada que conocía, que le había sorprendido mucho mi reacción ante todo esto, y se excusaba con eso de su mala actitud al principio, él pensaba que yo iba a cambiar, mucho.
Quizás mi hermano se tomó muy en serio mi sugerencia de que buscara una novia, y claro, no la buscaría entre los vampiros. ¿Se estaba él volviendo civilizado también?
Parecía que la quería, para mí eso estaba bien. Siempre y cuando ella no le hiciera nada a él, en ese caso, sería yo la que dejaría de ser civilizada.
Volví a la realidad con una extraña mueca en mi cara, que pude ver en los ojos de mi hermano. Entonces recordé por qué estaba aquí.
—¿Qué pasa?
—Creo... —me detuve, pero él no me interrumpió— Creo... que cometí un error.
Me miró con una expresión que no pude definir claramente. Era una mezcla de sorpresa, indignación y desilusión. Me dí cuenta de que la palabra error podía significar varias cosas; y como principal: matar a alguien.
—No, no fue eso—. Respondí a sus pensamientos.
Su cara se relajó un poco y entonces se sentó en el sillón al frente de mí.
—¿Entonces...?
—Estaba... en casa de Marcos... —dije casi obligándome a escupir las palabras, en el sentido mas literal de la palabra.
Su cara cambió automáticamente y frunció el ceño. Me dio la impresión de que ya pasaba por su cabeza la idea de matarlo.
—No fue algo tan grave, ni siquiera sé si se dio cuenta—intenté tranquilizarlo. Sin éxito.
—Ve al grano—me exigió.
—Estaba viendo por su ventana, y mis ojos se reflejaron en un espejo... y creo que él me vio.
No dijo nada.
—Quizás sea algo bueno, puedo utilizar toda esa pantalla de los espejos a mi favor—sugerí.
Suspiró.
—Tú me pediste encargarte de esto. No pretendas venir siempre a mí por cualquier tontería.
Auch, eso dolió. Hice una mueca.
—¿Aún crees poder encargarte de esto? —me preguntó.
—Sí.
—Entonces, suerte con ello.
Intenté sonreír.
—Y avísame cuando puedo matarlo —dijo esta vez en tono burlón.
Me reí sin mucha alegría.
—Seguro.
Al día siguiente fui a clases. Tenía que hacerlo, tenía que enfrentarlo. Si faltaba a clases sospecharía... aun más.
Anna no fue a clases, otra vez. Estaba enferma, había olvidado eso.
Marcos no se acercó a mí ese día, pero sentía como alguien me miraba fijamente, supuse que era él pero no me atreví a voltear. Tampoco dijo nada en las clases que compartíamos, pero algo muy diferente pasó en la última clase que compartía con él, pero en la que no estaba Armando, Biología. Se sentó en mi mesa sin mi permiso.
—¿Qué haces? —Demandé.
—Tomo el puesto de Anna—dijo tranquilamente. —Ya se lo he informado al profesor.
Dirigí mi mirada de él hacia el profesor, y pude ver como asentía levemente al hecho de que Marcos se sentara conmigo. Luego recordé que a penas había notado lo que pasaba a mí alrededor, y que Marcos muy bien pudo haberle pasado una carta al profesor para ser mi compañero de mesa de por vida sin yo darme cuenta.
Suspiré ante mi propio sarcasmo.
Nos mandaron a hacer un trabajo tremendamente largo, el cual me las arregle para hacer la mayor parte sin tener que dirigirle demasiado la palabra a Marcos.
No sé en que momento pasó el tiempo, pero la clase había acabado y no habíamos terminado el trabajo. Después de unos segundos me dí cuenta que no éramos la única pareja que había quedado a mitad de trabajo. Algunos se estaban quejando de que era demasiado largo cuando el profesor los interrumpió.
—No tienen que entregármelo ahora, se pueden reunir fuera de clases.
Marcos se volteó rápidamente hacia mí
—¿Qué te parece hoy en mi casa?
Había algo raro en su mirada, ¿me estaba insinuando que sabía algo?
—Hoy...
Estaba apunto de decir que tenía que visitar a Anna como escusa, pero el profesor me interrumpió.
—Les doy hasta mañana para entregármelo.
Genial, me dije mentalmente.
—Hoy me parece bien—le respondí a Marcos—, pero tendría que decirle a mi her...
—Claro, puedes llamarlo, si no tienes saldo te puedo prestar mi teléfono. —me interrumpió.
Quedé atónita por un segundo.
—No, está bien, le mandaré un mensaje de texto.
No tenía ganas de explicarle las cosas a mi hermano.
De camino a su casa, que no quedaba muy lejos de la escuela, no cruzamos palabra.
Era extraña la forma en que había cambiado Marcos, a pesar de que no hablamos en todo el camino, no parecía que fuera tímido. Eso había cambiado en él. Ahora parecía un poco más suspicaz. En realidad, mucho más suspicaz.
Al llegar a su casa me fue dirigiendo al segundo piso.
—¿No hay nadie en casa? —pregunté a mitad del camino.
—No aún. ¿Pero no te incomoda, no?
—No. —intenté sonreír hacia la idea. Al menos podría defenderme de él.
Después me dirigió a su cuarto. El cuarto que ya conocía.
Armó una mesa, de esas que están como pegadas a la pared y luego plantó dos sillas de modo que quedaran una al frente de la otra. Me ofreció una silla y no dudé en sentarme.
Estaba esperando a que él tomara asiento pero no lo hizo. Rodó un poco mi silla, y colocó sus manos en los reposabrazos con bastante fuerza, acerco un tanto su cara hacía mí y frunció el ceño.
—Ahora déjate de farsas y dime que hacías ayer en mi ventana.
Me intimidó, realmente lo hizo, mi mente quedó en blanco por un segundo y luego reaccioné.
—¿Yo?
Comencé de forma defensiva, evasiva y haciéndome la tonta a ver cuanto me servía.
—Sí, tú —no desistió de su idea, se veía muy firme—. Te reconocí por tus extraños ojos rojos. —dijo, mientras tomaba mi barbilla.
Pudo ser cualquier otro vampiro, pensé. Pero no podía decirle eso.
Así que obligué a mi sangre a subir hasta mi rostro para parecer sonrojada, ya tenía un nuevo plan.
—Yo... yo... —fingí titubear.
—¿Me espiabas? —Demandó.
—Sí-í.
—¿Por qué?
—Me-e... tú... me gustas. —finalicé, mirando al suelo, para darle un efecto más real.
Su cara se quebró. Su firmeza se desvaneció, había notado, al igual que yo, que eso podía ser completamente cierto.
—¿Cómo llegaste a la ventana? —se defendió.
—Escaleras—mentí.
—No había nada allí cuando bajé—explicó.
Ya podía notar como bajaba sus defensas.
—Me la llevé.
—Eres demasiado torpe, debí haberte visto.
Cierto, era lo único para lo que no tenía cuartada, me limité a mantener el pico cerrado. Y después de unos instantes levante de mi cara de modo que quedara muy cerca de la suya. Y él se sonrojo un poco esta vez. Perfecto.
—No te creo ni una palabra—dijo mientras se alejaba de mí.
—¿Qué crees que pudo pasar? —lo incité.
—Yo... —dejó escapar, pero luego no dijo nada más.
Con la vista recorrí su colección de libros y luego el siguió mi mirada y se volvió hacia mí un segundo después. Me hice la tonta y le dije:
—¿No pensabas realmente en eso?
Hizo una mueca pero no me respondió.
Luego noté algo en sus ojos, como si preparara una nueva estrategia y no me dí cuenta de qué era hasta que sucedió.
Se acercó a mí y ya era muy tarde cuando me dí cuenta. Me besó. Tomó mis muñecas y las apretó contra el reposabrazos, impidiéndome el movimiento a menos que usara mi fuerza sobrenatural. Cuando se separó de mi estaba un poco atontada, me le quedé mirando por un instante que él utilizó para llevar su mano hasta mi boca, entreabrirla un poco y tocar mis colmillos.
Luego reaccioné ante dos cosas.
Primera, yo era la única que había bajado la guardia.
Y segunda, ¡me había robado mi primer beso!
Aunque había sido una estrategia estaba indignada, y reaccioné como lo hubiese hecho con cualquier otra persona que hubiese hecho lo mismo sin que yo quisiera. Lo cacheteé.
Él se llevó la mano a la cara y estiró un poco la mandíbula. A penas había recordado retener mi fuerza.
—¡Ding, ding, ding! —Empezó a burlarse— ahora tengo mas pruebas, eres fría, tienes colmillos demasiado largos, y golpeas mas fuerte que cualquier chica que se haya atrevido a hacerlo.
—Eso no demuestra nada.
—¿No que te gustaba? ¿Por qué me cacheteaste?
—Porque te robaste mi primer beso— dije entre dientes y luego lo aparté para salir de allí.
Me tomó del brazo cuando estaba a punto de salir de su habitación.
—Eres una vampira ¿no?
—Déjate de estupideces.