Moderadores: AnimeManiaca, Maruko


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Spoiler:
- ¡Aléjese por Dios! - una muchacha de cabello castaño intentaba apartar las manos de un desconocido de ella - ¡Déjeme!
El hombre no dijo palabra. Forcejearon durante unos instantes hasta que el hombre le propino una bofetada con la mano abierta, dejándola aturdida y semiinconciente. La tiró al suelo y se recostó sobre ella, mientras la joven, debilitada, cerraba los ojos y negaba con la cabeza. - No... - comenzaron a surgir lagrimas de sus ojos, sabiendo que pasaría lo indeseable. Se oyeron gritos desesperados en aquella calle oscura y estrecha, casi desierta, exceptuando a aquella persona que concedia sufrimiento, y a aquella que sufría. - ¿Qué sucede? - preguntó Ian a su padre mientras respiraba hondo. -¿Qué te pasa, Ian? ¿Te sientes bien? - se levantó el hombre de su sillón para socorrer a su hijo - Te veo mala cara. Levantó el joven la mirada con ganas de matar a su padre. - ¿Me haces venir corriendo porque dices que es urgente, y me preguntas si estoy bien? - volvió a respirar hondo, esta vez para evitar lanzarse sobre su progenitor. - Está bien, está bien, cálmate - se sentó nuevamente en su sillón y sacó un cigarrillo de su cigarrera de oro, un tesoro que gustaba mucho a Ian y que esperaba heredar, y dio una calada expirando el humo. - ¿Y? - lo miró con impaciencia - ¿Qué me ibas a decir? - Otro suicidio. - ¡¿Otro?! - Es lo que he dicho, Ian - dio otra calada y sonrió a su hijo. - La gente anda deprimida últimamente, ¿no? - sonrió y miró hacia la ventana del despacho, la cual daba hacia otro edificio bastante desgastado y viejo. Se quedó asqueado de aquella vista, para nada agradable, y volvió a mirar al hombre en aquel sillón. - No, no es tanto así. Hemos hablado con la novia de éste, la cual vino a poner una denuncia de violación de esa misma noche, en la que él murió, y nos llegó después la noticia de que había llamado por teléfono porque lo había encontrado en la casa. - Debe estar pasandolo mal... - La verdad que sí. ¿Quieres hablar con ella? - miró a Ian con curiosidad. - Sí - se levantó y caminó hacia la sala de testigos. - ¿Anelisse? - ingresó en la habitación y se sentó en la silla que se hallaba en frente de la chica. No contestó. Levantó la mirada y se quedó observando al joven de cabello oscuro. Llevaba una ropa sucia y rota por algunos lados. Su cabello totalmente despeinado y sus ojos hinchados por haber llorado tanto y haber dormido tan poco, reflejaban su terror, dolor y frustración ante el momento que estaba pasando. - Me han contado lo que te ha pasado. Yo... lo siento - dijo poniendo un portafolios sobre la mesa. La joven bajó la mirada y rompió a llorar nuevamente. No se sentía bien. Deseaba matar al hombre que la habia ultrajado, deseaba saber la razón por la que Carl habia echo eso. Por último, deseaba morir, ya que nada estaba saliendo como ella lo había esperado. Había tenido una vida tan bonita, y de un momento a otro, había perdido casi todo. |

Gracias Larita *0*


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La familia lo es todo.




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Spoiler:
Ian tragó saliva dificultosamente y observó a Anelisse. Se sentía tan impotente. Había visto a tanta gente sufrir por sus difuntos que normalmente no le afectaba, pero ella no lloraba sólo por eso. Dos cosas en una sola noche, estaría destrozada... ni siquiera la inmadurez de Ian podía escapar de esa cruda realidad.
Aún así, mostró entereza. ¿Deseaba ponerse a llorar? Sí, lo necesitaba. Esto le hacía recordar viejos malos tiempos... Pero ella no era nadie para saberlo. Se aclaró la voz y se estiró la reciente perilla que había estado dejándose crecer para gustarle a Reika, y abrió el portafolios con la mirada baja. - Dígame su nombre completo - dijo algo entrecortado el chico, intentando controlarse a si mismo. La joven tragó aire y paró de llorar. Miró hacia los ojos del chico y su corazón comenzó a latir rápidamente. El chico sabía lo que ella estaba pasando. No era lo mismo, pero era similar. Se veía como si tuviera el corazón recogido en una mano, como si estuviera acongojado por la situación. Abrió la boca para responderle, pero de sus labios no surgieron aquellas palabras. - ¿Qué te paso a ti? - se secó las lagrimas de los ojos y se quedó mirándolo, esperando una respuesta. Ian levantó la mirada algo confuso. Observó a la chica. Tenía algo... extraño. Tenía la mirada apagada, triste... demostraba tanta soledad que parecía como si fuera la unica persona sobre la faz de la tierra, o eso fuera lo que ella sentía. - No es de tu incumbecia, Anelisse. Aquí para hacer las preguntas estoy yo, y quiero terminar rápido con esto, ¿si? - de nuevo su lado inmaduro e impaciente salió a flote, qué decepción, pensó Anelisse, falsas esperanzas al creer que se identificaba con ella. - Anellisse Wilcox - Bien. Srita. Wilcox, ¿podría decirme exactamente qué pasó ayer? - la joven miró hacia un punto fijo como si se hubiese quedado con la mente en blanco. - Era la una de la mañana. Salí de la guardia que tenía en el hospital y me fui a casa. Me había dejado el coche porque pensé que podía ir en autobús, pero no sabía que iba a salir tan tarde. Caminé por la Av. Greenknowe, como siempre hacía para tomar el autobús. Esperé en la parada quince minutos, y al ver que no venía, decidí irme caminando. Estaba tan cansada que caminaba sin mirar las calles, y llegado un momento me perdí por unas callejuelas pequeñas y desiertas. Me dio algo de miedo, por lo que caminé más rápido, pero al atolondrarme de esa manera sólo me perdí más. Entré en una calle de partes posteriores de edificios, no contenía puertas. Aún no se como se llamaba. La observaba mientras lo contaba. Parecía que cada palabra le dolía, cada una de ellas. Miró nuevamente al chico y tragó saliva, para poder proseguir con su relato. - Llegada a esa calle, me atajó un hombre de unos cuarenta años. Era fuerte y musculoso, y me cerró el paso cogiéndome de hombros y poniéndome contra la pared. Le pedí que no me hiciera nada, pero no me hizo caso... ¿Deseas detalles? - Sí, por favor. - Qué morbosos sois los policias. - este último comentario hizo que Ian levantara una ceja y mirara a la chica, que se mantenía con la mirada fija en la pared - Me golpeó contra la pared y comenzó a tocarme por todo el cuerpo. Grité pero parece que no había nadie cerca, o nadie se atrevió a ayudarme... Intenté apartarme de él, pero me sujetaba muy fuerte, me hacía daño en los brazos... Hasta que casi pude lograr que me suelte, y me dio una bofetada, me parece que fue eso, si. Después ya... Recuerdo que me caí al suelo, más bien me tiró - sonrió ligeramente de manera triste y bajó la mirada - pero ya a partir de eso es algo confuso, estaba muy aturdida. La cuestión es que sentí todo... así que sé lo que me hizo. Lloré y grité... pero parece que cuando más necesitas a alguien, la gente pierde la capacidad auditiva. Lo contó con mucha frialdad. Por el rostro de Ian se cruzó una mirada de pena y horror por aquella mujer, ya que no imaginaba cómo podría sentirse aquella sensación de impotencia, de dolor ante lo que era inminente en aquel instante. - ¿Y qué pasó después? Comenzó a derramar lagrimas, y a sollozar. Levantó el rostro para poder mirar a Ian. - Lo vi. Llegué a casa y lo vi. En verdad, hubiera preferido no llegar... "Y la crudeza que posee la venganza se apoderará de ellos, haciendo que calmar la sed, sea cada vez más cruel..." Caminaban errantes esperando una respuesta. Una solución... aquella misión que aún no había acabado. Miró a una chica que lloraba en un rincón, y se acercó a ella. Todo su cuerpo estaba lleno de heridas, carecía de un ojo y la yaga en su mejilla hacía la vista muy desagradable. Aquel mundo no era el suyo, estaba seguro de ello. |

Gracias Larita *0*


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OMG!!!

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