por uchiha*midori el Vie Ago 01, 2008 11:50 pm
Capitulo 11.- Muñeca de Porcelana
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La obligo a sonreír al momento de salir frente al pueblo entero, él obviamente había sonreído y ella tenía que hacerlo sino quería que toda la servidumbre fuera colgada a la semana. Sakura también sonrió, hipócritamente pero sonrió, había gente que por razones obvias sospechaba que todo aquello había sido una farsa, sin embargo, otros decían que Uchiha Sasuke no era tan malo, si una de las princesas Haruno no lo habría aceptado.
Se sentía como una muñeca de porcelana, una maldita muñeca, con la que él jugaba. Su hermoso pelo rosado había vuelto a tener el mismo retoque y brillo que antes poseía, terminaba en largos rizos en la cintura, y en su nacimiento se veía una tiara cuan fuera una reina. Una reina “de la nada”. Por que si bien iban a entrar en el castillo, Sasuke la volvería a tratar con la maldad que lo hacia.
Solo estaban saludando al pueblo desde el gran balcón, era el día, tan importante para él. Para el ahora Rey de Normandía. Sasuke tenia la corona montada en su cabeza, y parecía que la gente no lo estaba recibiendo tan mal. Sakura bajo la mirada con vergüenza, ¿la gente era tan tonta?...o es que en realidad la situación lo ameritaba, y es que sino lo aceptaban o conspiraban contra él, por obvios motivos él los mandaba a capturar. Y ella lo había visto venir.
En los pocos días que había tenido que compartir cama y techo con él, vio que era el hombre más despiadado y frívolo que nunca podría haberse imaginado. Agradeció al santísimo Dios, por que Sasuke aun no le pedía tener relaciones matrimoniales, tampoco le exigía mucho. Ella tan solo era la muñeca de porcelana que tenia que acompañarlo a todas partes como un “disimulo de matrimonio”, él se encarga de lo demás, y llegadas las noches, Sakura dormía a su lado, si, pero él estaba tan cansada e indeseoso de tenerla como mujer que simplemente pasaba de ella.
A otra mujer podría dársele como un insulto, el hecho de dormir con un hombre en la misma cama y que él no la desee. Pero Sakura estaba realmente feliz por ello. Repaso con la mirada el hermoso bosque verde que se mantenía al horizonte, y la luz del sol, que tenia el privilegio de ver. Mientras sus delgados dedos alisaban la falda de su vestido de corsé, blanco. Ella tenía la potestad de elegir su vestimenta así que no tenía por que ponerse ropas vulgares como las mujerzuelas que con constancia buscaba al curioso amigo de Sasuke.
Naruto, así se llamaba, el rubio que hace poco se había alojado en casa del Uchiha, por que ya no se podría decir que era la casa de los Haruno. Era un personaje totalmente diferente a Sasuke si se tratase de humor y carácter, pero igual que su amigo cuando se tenía que matar o pelear. Uzumaki era dócil, agradable, sociable, y divertido, nada irritante o mal humorado como el Uchiha. Aun así, era el amigo de él, por lo tanto no se podía confiar tampoco. Sin mencionar que el rubio recibía constantes visitas de toda clase de mujeres, parecía ser un verdadero Don Juan, desde las peores prostitutas hasta las más refinadas mujeres de las más nombradas familias solían tocar la puerta en busca del susodicho. Pero él siempre pedía decir que no estaba.
Típico.
Sakura ni siquiera se había dado cuenta que se había oscurecido el cielo. Y que el sol se ocultaba tras la densa nubecina rojiza del atardecer. Sus tristes ojos jade se posaron en el paisaje por un largo momento, recordando que en algún momento había visto la misma imagen entre risas y bromas junto con sus dos hermanos. Sintió una loca necesidad de llorar, de caerse en el suelo, de morirse. Pero las palabras de su nana, la volvían en si. Ella era la única Haruno que aun pisaba tierra…la única que había sobrevivido a la masacre.
-¿Lindo no?- cuestiono con perceptible amabilidad el rubio. Sakura se vio asustada ante tal interrupción de sus pensamientos, y tan solo asintió con desgana para luego emprender rápida caminata hacia su habitación. Sasuke le había dado estrictas ordenes, de no poder salir de la casa, tampoco poder conversar con la servidumbre- cosa que ella no había acatado, puesto a que cada que salía su esposo ella corría rápidamente a la cocina para por lo menos intercambiar palabras, los guardias que la custodiaban parecían tenerle pena y lastima, por la triste vida que ella llevaba por lo tanto nunca la vendían-, y otra cosa que él le había dicho; era no hablar con ningún hombre, ni siquiera con Naruto.
Sakura podría asegurar, de que aquello se lo había dicho, no obviamente por amor, sino por temer a que algún idiota se le interponga en el camino, y anden especulando rumores de que su queridísima esposa le engaña en su propia casa.
Todo era una maldita farsa.
-Sakura… ¿verdad?- la interrumpió, antes de que ella pudiese huir. La pelirosa nuevamente asintió. Él la observo con detalle y sus eléctricos ojos parecieron analizarla.- Sasuke tiene mucha suerte.-
-No creo que él piense lo mismo.- murmuró con una vos tan suave, que de seguro ni el mismo Naruto le había oído. Sakura no vacilo ni un segundo para emprender rápida huida hacia la segunda planta de la mansión. Si Sasuke llegaba seguro recibiría un buen castigo en la noche. De esos castigos con los cuales él le amenazaba.
Nunca le habían azotado, imaginar que Uchiha Sasuke lo haga, le repugnaba y proponía terror.
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Como de costumbre, Sakura había pedido que le suban la comida a la habitación, mientras Sasuke y Naruto comían en la mesa principal, donde por cierto cada noche invitaban a alguna que otra doncella en especial. Pero Sasuke, en realidad no tenia tendencias Narutinas, como para meterse con alguna mujer de mala vida, a él parecían solo interesarle mujeres muy llamativas y lo suficientemente adineradas, a un principio ni si quiera el tema le importaba. Pero ahora que tenía a mando dos reinos. Tenia que disfrutar de lo bueno.
Allí se encontraban, comiendo a cada lado opuesto de la mesa, ambos jóvenes mientras a cada lado de estos se encontraban dos muchachas, vestidas decorosamente, con pintas frágiles y preciosas, a Sasuke le acompañaban dos rubias, una con el pelo rizado y suelto que le caía graciosamente hasta la cintura, un cuerpo angelical que se dejaba ver por el fino vestido de terciopelo, y la otra rubia con el pelo corto parecía ser mas flaca que la anterior, pero sus ojos color almendra destellaban de una malicia y travesura insaciable.
Naruto se veía acompañado con otro par de chicas, una pelirroja y la otra morena, ambas de una complexión rellena, y muy buenas curvas, y es que a él le gustaban así. La cena parecía progresar en completo orden, mientras ambos hombres conversaban sobre sus hazañas “machistas” en el día.
-…Sasuke, hoy vi a Sakura- dijo alegremente el rubio.
-Es obvio que le ves a diario Dobe, vivimos todos en la misma casa.- contestó irritado el moreno, y una de las rubias aprovecho para darle pequeñas caricias en el musculo antebrazo.
-Hablo de que… parecía triste.-
-Eso también es obvio.-Sasuke pareció vacilar al momento de comer otros bocados, sin prestar atención a las caricias de las rubias que tenia a cada lado, para luego saltar con la mirada del plato hacia el Uzumaki.- ¿Hablaron?- preguntó con una voz temible. Naruto arqueó las cejas sin interés.
-Solo cruzamos palabras-
Para sorpresa de los otros presentes de la mesa, Sasuke había dejado la servilleta que anteriormente yacía en su pecho, y se levanto como una fiera, prácticamente había desaparecido de su lugar en cuestión de segundo. Naruto trago saliva, mientras miraba sorprendido como el Uchiha se perdía por la puerta del comedor.
Subía los grandes escalones con rapidez inimaginable, y con una cara de pocos amigos.
Él le había ordenado que no hablase con ningún hombre.
