Destiny
Capitulo 1: Voces del Pasado
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Spoiler:
En un oscuro lugar, carente de forma o realidad, un joven se alza rodeado por el más infinito vacio, parado solo en medio de la nada, sin destino ni razón. De repente, del interminable vacio se escucha una misteriosa voz.
–El poema es la clave –dijo la misteriosa voz. –¿Quién eres? –pregunto el atemorizado chico. –El poema es la clave –repitió de nuevo la voz inmaterial. –¿De que poema hablas? –pregunto el chico con una voz temblorosa –. No lo entiendo… De repente una segunda voz se escucha en medio del frio vacio. –Isaac –dijo la invisible presencia. –Esa voz la conozco –pensó el muchacho–. Es mi madre. –Despierta Isaac . En ese instante, el chico llamado Isaac despierta en su cama, con su madre sentada junto a el llamándolo y tomándolo por el brazo en un intento hasta ahora fútil por despertarlo. –Finalmente has despertado cariño –dijo la mujer mientras sonreía. –Discúlpame madre –Dijo Isaac mientras se restregaba sus ojos–. Es que tuve un peculiar sueño. –¿Ah si? –pregunto la mujer-. ¿Y que soñaste? –Fue muy extraño –replico Isaac–. Estaba en un lugar oscuro, frio y totalmente vacio. –¿Y estabas solo? –Si lo estaba, aunque una voz extraña seguía diciendo algo que no puedo entender. –¿Y que decía? –pregunto la mujer mientras se levantaba de la cama. –Algo acerca de un poema. –¿Un poema dices? –pregunto la madre de Isaac, en un tono que denotaba mas curiosidad. –Si… –respondió Isaac mientras intentaba recordar la frase exacta–. Ya lo recordé, decía “el poema es la clave”. –Ya veo –respondió la mujer mientras su expresión se volvía pensativa. –¿Sucede algo madre? –pregunto Isaac al notar la reacción de su progenitora. –No te preocupes –Respondió mientras sacudía ligeramente su cabeza–, no es mas que un delirio de tu anciana madre. –No digas esas cosas madre, aun eres joven. –Dices eso porque me ves con los ojos de un amoroso hijo. –Es verdad, pero eso no lo hace menos cierto –respondió Isaac mientras le sonreía dulcemente a su madre. –Eres tan tierno hijo mío –respondió la conmovida madre. –¿Eso quiere decir que ya no tendré que realizar ninguna tarea hoy –pregunto Isaac en tono juguetón. –Pequeño embustero –dijo la mujer entre risas–, solo por eso tendrás que hacer el doble. –Supongo que no hay opción. –Vístete y baja, quiero que vayas al mercado –dijo mientras salía de la habitación de Isaac. Al alejarse su madre, los pensamientos de Isaac de nuevo se concentraron en su particular sueño. –Me pregunto que significa –pensó el chico–. Se sintió tan real. Pocos minutos después, Isaac bajo donde su madre. –Aquí estoy madre –dijo Isaac de manera entusiasta. –Hijo, quiero que vayas al mercado y compres tres hogazas de pan. –Muy bien madre, además que la herrería esta de camino al mercado –dijo Isaac con voz alegre y llena de anticipación–. Podre hablar con Arthur. –Ya te he dicho que no me gusta que pases tan tiempo en ese lugar. –¿Qué tiene de malo madre?, Arthur es un buen hombre. –Eso lo se bien, lo que me molesta no es que pases tiempo con Arthur, es que estés tan obsesionado con las armas que fabrica. –Pero madre… –replico Isaac mientras bajaba su rostro–. Yo solo quiero ser un gran guerrero como lo fue mi padre. –¿Y terminar como el? –dijo la madre de Isaac con evidente molestia por la actitud de su hijo. –Yo… –La guerra ya me quito a tu padre –continuo diciendo la mujer–, ¿ahora tu también quieres morir inútilmente? –¡Mi padre no murió inútilmente! –replico Isaac con furia–. El fue un gran héroe que se sacrifico en nombre del honor y la justicia. –Isaac… –Y yo… –continúo diciendo Isaac con una voz temblorosa–. Yo quiero ser un gran héroe como el lo fue. Al escuchar esas palabras, la madre de Isaac no pudo evitar sentir nostalgia, el espíritu combativo de su difunto esposo estaba mas que vivo en su joven hijo. –Esta bien Isaac –dijo la mujer mientras se acerco y abrazo a su hijo–, si no pude convencer a tu padre, no te podre convencer a ti, pero te pido que me prometas algo. –¿Qué madre? –respondió Isaac ya en un tono mas calmado. –Serás mas fuerte que tu padre y no morirás como el, no me dejaras sola –dijo mientras una solitaria lagrima bajaba por su mejilla. –Te lo prometo madre, jamás te dejare sola. –Es todo lo que necesitaba saber –respondió mientras terminaba su cariñoso abrazo. –Muy bien, entonces iré a comprar el pan al mercado. –No tardes demasiado –dijo mientras le daba a Isaac 7 monedas de bronce. –Lo intentare madre –dijo Isaac mientras sonreía de manera juguetona–, pero no te puedo prometer mucho. –Jajaja… lo se hijo, te conozco, solo ten cuidado –dijo la mujer mientras le daba un cariñoso y maternal beso en la frente. –Lo tendré madre –respondió Isaac mientras se alejaba corriendo fuera de la casa. Después de que Isaac se había ido, su madre se sentó lentamente con la mirada al suelo y una expresión desalentadora en su rostro. –¿El… poema? –dijo para si misma casi susurrando. En ese momento, Isaac seguía corriendo vigorosamente en dirección hacia el mercado, atravesando esta pequeña y derruida villa llena, sin embargo, de incontables personas de buen corazón y alegre pensamiento. Unos quince minutos después de haber partido de su hogar y a mitad de camino del mercado, Isaac llego a su lugar preferido de toda la aldea, la herrería de Arthur Mohán, un corpulento y desaliñado hombre, pero que era amable por naturaleza a pesar de su burda apariencia. Isaac se asomo cuidadosamente en la puerta, noto a Arthur sentado de espaldas, el estruendo de sus poderosos martillazos resonaba por todo el lugar, hasta que inesperadamente se detuvieron. –¿Otra vez tu , niño? –dijo Arthur sin voltearse. –Vaya, ¿cómo supiste que estaba aquí? –pregunto Isaac con sorpresa. –Si vives tanto como yo lo he hecho, ganas un sexto sentido –dijo Arthur mientras se levantaba y revelaba su imponente figura. –Increíble –dijo Isaac con gran fascinación–, ¿es en serio? –Por supuesto que no, niño ingenuo –respondió Arthur mientras reía a carcajadas–, vi tu reflejo en el espejo que tengo colgado frente a mi. –En verdad que eres cruel –replico Isaac mientras bajaba la mirada. –Por supuesto que lo soy, es necesario –respondió el herrero en tono paternalista–. De lo contrario, ¿cómo esperas llegar a ser un gran hombre como tu padre si no comienzas a experimentar los rigores de la vida desde ahora? –Pero… ¿no podrías solo torturarme o algo?, eso seria menos cruel –dice Isaac en tono juguetón. –Jajajaja por eso es que me agradas tanto niño –dijo el corpulento hombre mientras extendió su enorme mano hacia Isaac. –Lastima que el sentimiento no sea muto –replico Isaac mientras extendía su mano y le daba un apretón a la de Arthur. –Los niños de estos días si que son insolentes –dijo entre risas Arthur–. Pero dime, ¿qué te trae por aquí muchacho? –Sabes muy bien que es Arthur, quiero ver en que nueva arma trabajas ahora. –Lo imaginaba –dijo el herrero mientras se volvía a sentar–. Pues déjame decirte que estas de suerte hoy. –¿Por qué lo dices? –Justamente estoy a punto de terminar un encargo muy especial. –¿Ah si?, ¿qué es? –Una espada de primera clase, para uno de los caballeros del príncipe. –¡¿De verdad?! –pregunto con gran emoción. –Así es, ¿quieres verla? –¡Por supuesto que si! –respondió Isaac con gran emoción. –Muy bien –dijo Arthur mientras levanto la espada que anteriormente había estado martillando–. Aquí esta muchacho, ¿verdad que es hermosa? –Es increíble. La espada, de 82 centímetros de longitud desde la base de la empuñadura hasta la punta de la hoja, había sido forjada usando el hierro de mejor calidad de toda la región e indudablemente la calidad de la mano de obra era inigualable. Y para denotar el rango y posición de su futuro dueño, en la empuñadura estaba grabado el símbolo imperial, el filo de la hoja era evidente, mientras el fulgor carmesí de las brazas en la herrería se reflejaba hermosamente sobre la misma. –Lo se, probablemente sea la mejor espada que he forjado en toda mi vida –dijo con algo de nostalgia–. Es que me fue pedida especialmente por uno de los caballeros de más alto rango en esta región. –Genial, debe ser un gran honor que te lo haya pedido a ti Arthur, debes sentirte muy orgulloso. –Pequeño –replico Arthur mientras bajaba la espada y colocaba su enorme mano derecha sobre la cabeza de Isaac–. El orgullo de un verdadero herrero no esta en la importancia de la persona para la que haces el arma, esta en el saber que cada pieza que sale de tu herrería tiene todo tu máximo esfuerzo marcado en ellas. –Creo que entiendo de que hablas . –Bueno muchacho, supongo que tu madre te habrá encargado alguna tarea para el día de hoy, así que no creo que debas perder más tiempo aquí –dijo Arthur mientras se daba la vuelta y comenzaba a martillar de nuevo sobre la hermosa espada para darle los toques finales. –Si… se va a enojar porque me he tardado demasiado –dijo con algo de resignación en su voz–. Bueno, me voy Arthur, te vendré a visitar de nuevo mañana. –Jajaja no dudo que lo harás muchacho –dijo el hombre mientras continuaba con su labor. Isaac salió apresuradamente de la herrería hacia el mercado. –Vaya, mejor me apresuro mi madre me matara –pensó el chico. Una vez que había llegado al populoso mercado y de un momento a otro, Isaac se detuvo en seco, una misteriosa y desconocida sensación lo embargaba y había hecho desaparecer todo rastro de la prisa que tenía un segundo antes. –¿Q-que es esto? |
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